Retrato de una mujer en contemplación con motivos botánicos abstractos, imagen para el artículo sobre intuición y equilibrio

La intuición: la inteligencia del equilibrio

La intuición puede acompañar las decisiones que tomamos cada día, desde las más pequeñas hasta aquellas que pueden cambiar el rumbo de nuestra vida.

¿Acepto esta propuesta? ¿Es el momento adecuado? ¿Continúo por este camino? ¿Cuál de estas opciones es más acertada para mí?

La mente puede encontrar argumentos a favor y en contra de todas ellas. Cuanto más pensamos, más fácil resulta perdernos entre dudas, deseos, miedos y experiencias anteriores.

Sin embargo, el cuerpo puede ofrecernos una respuesta mucho más directa.

En MHA utilizamos la intuición como un lenguaje físico y binario. Ante una elección concreta, el cuerpo responde con un sí o con un no.

Cuando una opción es acertada para nosotros, nuestra energía aumenta. El cuerpo se fortalece y la línea media entra en tensión. Esa respuesta corresponde al sí.

Cuando una opción no es acertada, la energía disminuye. El cuerpo pierde fuerza y la línea media se destensa. Esa respuesta corresponde al no.

La intuición no necesita ofrecernos una larga explicación. Se manifiesta como una señal clara en el cuerpo físico y nos permite reconocer qué opción aumenta nuestra energía y resulta más acertada para nuestra vida.

El lenguaje de nuestra biocomputadora

En MHA entendemos el sistema nervioso central como una biocomputadora viva.

Recibe información del cuerpo y del entorno, aprende de nuestras experiencias y organiza nuestras respuestas. La mayor parte de este trabajo sucede sin que tengamos que pensar conscientemente en ello.

En esta biocomputadora guardamos una enorme cantidad de información. Parte de ella nos ayuda a desenvolvernos adecuadamente, pero también puede haber programas que interfieran en nuestras decisiones y en nuestra forma de responder.

Esos programas pueden proceder de experiencias propias, de nuestros antepasados, del cuerpo físico, del entorno, de nuestras relaciones o de otros niveles de información.

Aunque no seamos conscientes de ellos, pueden manifestarse como dificultades, bloqueos o situaciones que se repiten en nuestra vida.

También pueden interferir en nuestra intuición. Un miedo, una expectativa o el deseo de recibir una respuesta concreta pueden alterar la señal corporal y dificultar que distingamos con claridad el sí del no.

Por eso no se trata simplemente de “hacer caso a lo que sentimos”. Necesitamos aprender a reconocer la respuesta física y encontrarnos en unas condiciones adecuadas para recibirla.

Preguntar de manera clara

Para obtener una respuesta clara también necesitamos hacer una pregunta concreta.

Imaginemos que una persona está valorando dos formas diferentes de poner en marcha un proyecto. En lugar de preguntar de manera general si el proyecto saldrá bien, puede presentar cada opción por separado.

Ante la primera posibilidad, la energía disminuye y el cuerpo se destensa. La respuesta es no.

Ante la segunda, el cuerpo se fortalece y aumenta la energía. La respuesta es sí.

Ese sí no nos garantiza que nunca aparecerán dificultades. Nos indica que, entre las opciones planteadas y en ese momento, esa posibilidad es más acertada para la persona.

El no tampoco tiene que ser definitivo. Puede significar que esa opción no es adecuada ahora, que necesita algún cambio o que existe un programa interfiriendo en la respuesta.

La intuición nos permite seguir preguntando hasta encontrar dónde está la interferencia.

Encontrar los programas que interfieren

Puede ocurrir que ninguna de las opciones produzca una respuesta fuerte o que la señal corporal no sea suficientemente clara.

En lugar de forzar una elección, podemos preguntar qué está interfiriendo.

¿Está relacionado con el cuerpo físico? ¿Con el momento elegido? ¿Con el entorno? ¿Con una experiencia propia? ¿Con nuestros antepasados?

La línea media nos va orientando mediante el sí y el no.

No necesitamos inventar una historia ni realizar una interpretación psicológica. Seguimos la respuesta del cuerpo hasta localizar el programa que está alterando el funcionamiento de la biocomputadora.

Cuando lo encontramos, realizamos una corrección energética. En MHA llamamos fortalecimiento a este proceso.

Fortalecer no significa pensar en positivo ni intentar convencernos de que todo irá bien. Significa ayudar a que la biocomputadora deje de responder desde esa interferencia y recupere unas condiciones más acertadas.

Después de realizar la corrección, volvemos a comprobar.

La respuesta puede continuar siendo no. En ese caso, esa elección sigue sin ser la más adecuada.

Pero también puede ocurrir que la respuesta cambie. Al desaparecer la interferencia, el cuerpo recupera fuerza y aparece un sí claro.

Esta comprobación nos permite observar si se ha producido un cambio y si la biocomputadora ha recuperado el equilibrio.

La importancia de la neutralidad

Para distinguir con claridad el sí del no necesitamos neutralidad.

Ser neutrales no significa que una decisión no nos importe. Significa no tratar de dirigir la respuesta hacia lo que deseamos ni alejarnos de aquello que tememos.

Si queremos desesperadamente un sí, podemos interferir. Si sentimos miedo de recibir un no, también.

La neutralidad permite preguntar sin empujar la contestación.

La mente plantea la pregunta, pero deja espacio para que el cuerpo responda. No interpreta, no completa la información y no decide previamente cuál debería ser el resultado.

Si la señal no es clara, no tenemos que adivinar. Podemos detenernos, fortalecer nuestra neutralidad y volver a comprobar.

Aprender a reconocer la respuesta

La intuición puede entrenarse empezando por elecciones sencillas en las que no tengamos demasiado interés en el resultado.

Podemos comparar dos opciones y observar cuál aumenta nuestra energía. Con la práctica aprendemos a reconocer cómo responde nuestra línea media y a diferenciar la señal física de los pensamientos que aparecen alrededor.

No buscamos dejar de razonar. La razón continúa siendo necesaria para ordenar la información y tomar decisiones. La intuición aporta otra referencia: nos permite comprobar cómo responde nuestra energía ante cada posibilidad.

La razón analiza las opciones.

La intuición muestra cuál nos fortalece.

La intuición: la inteligencia que nos devuelve al equilibrio

En MHA la intuición nos permite elegir y también localizar los programas que están interfiriendo en nuestra biocomputadora.

Cada sí y cada no nos ayudan a avanzar hasta encontrar el punto que necesita ser corregido. Cuando desaparece la interferencia, la respuesta corporal se vuelve más clara y pueden aparecer nuevas posibilidades.

Eso es lo que convierte a la intuición en la inteligencia del equilibrio.

No es una suposición mental ni una respuesta que construimos desde lo que deseamos. Es el lenguaje físico mediante el cual nuestra biocomputadora nos muestra qué opción aumenta nuestra energía y resulta más acertada para nuestra vida.

Rosa Navarro Mainar

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